El reto del periodismo en un mercado infinito e incontrolable

El último Informe anual de la situación periodística que edita la Asociación de la Prensa de Madrid ha constatado un cambio de tendencia. La destrucción de empleo ha aminorado. Ciertamente, había menos puestos por destruir, porque cada vez quedaban menos. Igual le pasa a un bosque cuando es talado con regularidad y no se permite su reforestación: quedarán irremisiblemente menos árboles en pie. Por ello, aunque desde 2008 se hayan desvanecido miles de empleos, en 2014 ha habido menos devastación laboral. En su observatorio, la APM ha registrado 11.875 empleos desaparecidos desde el inicio de la crisis en 2008, pero hay razones para sospechar que esta cifra se haya quedado corta. El informe, presentado el 16 de diciembre de 2014, constata que una de las salidas que han encontrado algunos desamparados profesionales es el autoempleo: 406 nuevos medios se crearon desde aquel fatídico 2008. Otra ha sido la reconversión a tareas de comunicación corporativa.

 

Muchos de estos proyectos se dirigen exclusivamente al entorno digital. Aquí, las reglas de juego son diferentes. Mientras en el quiosco, en el dial o en el mando a distancia, la empresa mediática tiene su coto y su razón de ser, en internet los competidores son múltiples, heterogéneos, dispersos, incontrolables. Bitácoras particulares y webs corporativas, por citar dos ejemplos comunes, pueden ofrecer contenidos novedosos, valiosos para diferentes públicos objetivos, que, sin llegar a ser noticias o contenidos de cualquier género periodístico conocido, pueden llegar a satisfacer las demandas de los antes consumidores de medios de comunicación.

 

Y gratis.

 

El medio de comunicación tiene la legítima aspiración de obtener beneficios por su actividad profesional y el periodista de ver remunerado su trabajo. Los nuevos emisores no tienen esa necesidad. Esto se entiende mejor con un ejemplo. La Asociación de Periodistas de Salamanca celebró en noviembre de 2014 unas jornadas sobre comunicación científica. En la mesa redonda que clausuraba el evento, estaban sentados Jorge Alcalde, director de la revista QUO, y la matemática Clara Grima. Grima tiene una bitácora de éxito en una web en la que colaboran otros divulgadores llamada Naukas. Existen más plataformas de este tipo y, además, blogs individuales que movilizan a un número importante de lectores. El escenario de la comunicación y la divulgación científicas en la web, por lo tanto, está compuesto tanto por medios de comunicación profesionales como por escritores que lo hacen en muchos casos por amor al arte. Se planteó entonces si la actividad de estos divulgadores podría ser considerada competencia para los medios especializados en ciencia. Grima respondió que ella no hacía divulgación para ganar dinero. Pero eso no significa que esta actividad altruista no tuviera repercusión para los comunicadores profesionales. En su turno, Alcalde comentó que actividad divulgadora efectivamente afectaba a las visitas de su medio, ya que tanto la red de bitácoras como la revista divulgativa compartían una audiencia similar. Quizá sin pretenderlo, hay una amalgama de pequeños o grandes divulgadores científicos que, con su honorable y filantrópica actividad, merman tanto las visitas de los medios convencionales como de los especializados y afectan, en consecuencia, a sus cuentas de resultados. Y esto sucede en otros muchos campos de la comunicación.

 

El escenario

De todas las formas, el nuevo escenario es apasionante. Cada día, se produce una cantidad inconmensurable de información y opinión en internet. Esta entrada, por ejemplo, será una gota más en un mar de contenidos heterogéneo y constantemente actualizado. A ese proceloso océano digital vierten sus creaciones desde los grandes ríos que siguen siendo los medios a nuevas corrientes cada vez más caudalosas. Incluso hay regatos intermitentes como éste que hacen ínfimas aportaciones. Nunca en la historia de la humanidad se había producido tal cantidad de contenidos y parece impensable que volvamos atrás en este prodigioso avance de la democratización de la palabra.

 

¿Qué le queda entonces al periodismo para sobrevivir en este escenario tan proclive para su desarrollo, pero, a la vez, tan asfixiante para la obtención de rendimientos económicos que hagan viables las empresas dedicadas a la información?

 

La innovación parece la mejor baza para su pervivencia. La adaptación a este nuevo entorno requiere grandes dosis de ideas nuevas. No sólo se trata de ofrecer contenidos originales a la audiencia esperada, también se debe hacer de manera original. Se están intentando nuevos formatos constantemente, con el fin de dar con la tecla. Las propuestas son muy diversas, en un proceso creativo muy interesante. Al final de cada año se suelen publicar previsiones sobre las tendencias del año siguiente. En Cuadernos de Periodistas, Ramón Salaverría cree que en 2015 hay hueco para:

  1. El periodismo de datos
  2. El periodismo de gran formato
  3. El periodismo hi-tech
  4. El periodismo viral
  5. El periodismo global
  6. El periodismo de laboratorio

 

Otros autores, como Miquel Pellicer o Marcos Merino, apuntan hacia tendencias similares.

 

Periodismo a dos velocidades

Muchas de estas innovaciones inciden en un ahondamiento de lo que se ha denominado como ‘periodismo a dos velocidades’. Mientras hay medios que informan con gran velocidad de los diferentes acontecimientos noticiosos, otros se dedican a ofrecer informaciones más elaboradas, ya sea de contenidos especializados, ya sea por medio de artículos más reflexivos. Ambos pueden coexistir, pero se diría que uno tiene más capacidad de supervivencia que el otro.

 

Muchas de las iniciativas periodísticas que están naciendo en 2015 como Ctxt o El Español, parecen apuntar a una misma dirección: la recuperación de los valores de la calidad, de la lectura sosegada, como intrínsecos del periodismo. Al fin y al cabo, si cualquiera puede colgar en un red social un hecho noticioso o una breve reflexión y hacerse viral, si ya hay robots que son capaces de cortar y pegar textos, e incluso de redactar notas, ¿qué otra cosa pueden ofrecer los medios de comunicación en este mercado de contenidos infinito e incontrolable que es internet si no son contenidos pertinentes (especializados, profundos, contextualizados) para las diferentes audiencias, elaborados con la calidad que un periodista debería proporcionar?

 

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